Para Henry Bouma jugar basketball en el patio de su casa más que un juego, es un ministerio.
“Soy entrenador de basquetbol y así nos conectamos con los jóvenes y tratamos de ayudar a los muchachos en este lugar”, comenta este hombre.
Bouma forma parte del ministerio “Los Navegantes”, que evangeliza en las universidades, bases militares, cárceles y campamentos juveniles.
Por más de una década él y su familia tuvieron estudios bíblicos para jóvenes de precarios en su lujosa casa, hasta que Dios les lanzó un reto. “Sentimos que Dios nos estaba llamando a vivir en el precario en vez de ir allá a recogerlos y traerlos a casa para los estudios bíblicos. Sentimos que Dios nos decía, múdense”, comenta Bouma.
Entonces esta familia de alta sociedad empacó todas sus cosas y se mudó a uno de los barrios de pandilleros más peligrosos de la ciudad.
“Claro que sabíamos que no era una vecindad ideal cuando nos mudamos aquí, pero sentimos el llamado de Dios en nuestra vida y una paz total. Nos sentimos seguros aquí. Yo camino por las calles, he conocido a mucha gente de los alrededores, y la gente me conoce”, dice este evangelista.
Bouma comparte su casa con jóvenes necesitados. “Lo llamamos el ministerio ‘Nuestra Casa’, de Isaías 58:12 donde habla de reconstruir, restaurar las ciudades y que los quebrantados serán los que restauren las ciudades y levanten una nueva generación”, asegura.
La diversión es parte del ministerio aquí. “En la casa tenemos una mesa de billar y tenemos muchos otros juegos incluyendo una pantalla gigante para juegos de video y por eso a los chicos les encanta venir y pasar el rato. Es un lugar seguro donde los chicos pueden estar en vez de andar en la calle y pueden hablar de lo que esta pasando en sus vidas”, explica este cristiano.
El impacto en los jóvenes ha producido cambios radicales. “Soy cristiano hace un mes. La mayoría de mis amigos son de mala influencia y seguiría en la pandilla si no fuera por esta casa”, afirmó Jose Velásquez, un joven de 15 años de edad.
Bouma dice que mudarse aquí ha producido bendición y fruto, pues “algunos jóvenes que han venido dicen haber sido presionados a unirse a las pandillas. Me llaman y me piden que sea su mentor y que les acompañe en lo que esta pasando en sus vidas. Es bonito ver las grandes cosas que Dios esta haciendo”, concluye este entrenador de baloncesto.