"Estamos buscando discipular a estos niños; buscamos ser una presencia firme en sus vidas. Buscamos ser adultos cristianos modelo que se preocupan por ellos y que pueden darles dirección, amor y seguridad", estas son las palabras de David Schuringa, quien trabaja con el Instituto Bíblico Encrucijada (CBI por sus siglas en inglés).
Schuringa no se refiere a los huérfanos en Guatemala o algún otro país del globo. Está hablando de millones de niños en todo el mundo, que tienen a un padre en prisión.
"Los hijos de los presos tienden a estar en un alto riesgo de alcoholismo, abuso de drogas, promiscuidad y de entrar en una vida de crimen", comenta.
Es por eso que CBI trata de prevenir estas situaciones a través de su programa Mesías, el cual presenta la Biblia en un formato ilustrado, que es de fácil lectura para niños y jóvenes.
El programa también ayuda a que los adultos analfabetos aprendan sobre Cristo.
"Usted encontrará una decena de formas en las que puede involucrarse para ayudar a los presos, porque esto es lo que Jesús nos llamó a hacer; éstos son sus hermanos y hermanas", comenta Schuringa.